El casco histórico de Oviedo volvió a sumirse en una atmósfera de profundo recogimiento con motivo de la procesión del Martes Santo de la Real Cofradía del Silencio y Santa Cruz, una de las citas más solemnes de la Semana Santa ovetense.

El cortejo recorrió las calles del Oviedo Antiguo en medio de un respetuoso silencio, roto únicamente por los sonidos que acompañaban a sus dos pasos titulares. El Cristo Flagelado avanzó con el sobrio redoble de un tambor, acentuando el carácter penitencial del desfile, mientras que María Santísima de la Amargura lo hizo acompañada por la Agrupación Musical Sagrado Corazón, cuyos sones aportaron un contrapunto emotivo al recorrido.

Decenas de cofrades, vestidos con túnicas blancas y capirotes morados, participaron en una procesión marcada por la austeridad y la sobriedad. La iluminación tenue y el ritmo pausado del cortejo contribuyeron a crear una escena de gran intensidad espiritual en cada tramo del itinerario.

Numerosos vecinos y visitantes se congregaron en las estrechas calles del casco antiguo, manteniendo en todo momento el respeto y el silencio característicos de esta procesión, que se ha consolidado como una de las más singulares de la ciudad.

La salida tuvo lugar desde la iglesia de Santa María la Real de la Corte, sede de la cofradía, que en las últimas décadas ha logrado recuperar y reforzar una tradición profundamente arraigada en la historia de Oviedo.

De este modo, la procesión del Silencio volvió a convertir el Oviedo Antiguo en un espacio de contemplación y recogimiento, reafirmando su lugar como uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa en la capital asturiana.